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Deporte y educación. ¿Como deberían actuar los padres?

9 de julio de 2012

“La probabilidad de haber adquirido el hábito regular de practicar deporte, es mayor entre las personas cuyos padres también hacen o hicieron deporte que entre las personas que no recibieron ese ejemplo”. (García Ferrando, 1991)

    El deporte es un instrumento para educar desde las familias y, después, desde la escuela. En la familia, la relación entre padres e hijos y la práctica de deporte es fundamental.

    Está claro que, en el caso de los chicos pequeños, no se puede hablar propiamente de deporte, sino más bien de juego. Estas edades son las mejores para cultivar a través del juego, hábitos de competitividad sanos: una serena aversión a las trampas; saber perder con alegría; saber ganar y, a veces, saber dejarse ganar… saber reírse de uno mismo, y reírse con los demás.

    Los padres deben hacer cumplir los compromisos contraídos por sus hijos. Los padres deberían hacer cumplir los compromisos deportivos que sus hijos adquieren y no guiarse por los resultados que alcanzan. Los compromisos pequeños o grandes se cumplen siempre.

    Los padres deben mantener una distancia justa de seguridad entre las competiciones y sus hijos. Deben animar, lo que no se debe ser es un forofo, vociferar.

- Por favor, papá, cállate y vete a casa. No hagas más el ridículo…

    Si el ejemplo de los padres es siempre fundamental, un campo en el que también es imprescindible, es éste: el modo de presenciar la competición.

    Los padres deben ser prudentes; saber animar a todos y no sólo al propio hijo; no criticar en exceso; no hacer comparaciones “yo a tu edad”… También los hay que corren la banda durante el partido y no paran de dar instrucciones al pobre niño, que no sabe a quien mirar. ¡Tu hazme caso a mí que yo sé de esto!, ¡Cuando yo era como tú…! Están los que se mueren de celos si el entrenador grita a su hijo más que a los demás, o si le hace jugar menos que lo que el considera.

    Lo verdaderamente eficaz es no ocultar los defectos: “debes luchar más”, ¿por qué no haces más caso al entrenador?”. Debemos reforzar los éxitos y sobre todo el esfuerzo que pone en lograrlo. Lo más acertado es desmitificar tanto el éxito como el fracaso. Educar a través del deporte implica desarrollar una sinergia positiva que le ayudará a ser cada día mejor.

    Ser un “campeón…” significa: si no aspiras a más de lo que puedes, nunca llegarás a lo que realmente puedes… Alguien ha dicho con acierto que en nuestra sociedad sobran medios y escasean los fines: muchos convierten en fines lo que no son más que medios.

    El deporte, para los más pequeños debería ser es un medio que ha de entenderse integrado en un proyecto de vida ético y global. Debería ser un instrumento de maduración personal, que ayude a nuestros hijos a rendir según sus capacidades naturales recibidas.

    Una mentalidad deportiva nos ayudará a ser optimistas ante las dificultades, a volver a empezar una y otra vez, a no dejarnos vencer nunca por el desaliento. Los grandes logros en las historia de la humanidad han venido siempre por el camino del esfuerzo y la tenacidad, el deporte no es una excepción.

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